
«Acteón encontró un frondoso y apartado lugar bañado por un manantial. Interrumpió entonces la montería para acercarse allí, a esa umbría gruta en medio de la floresta, atrído por las voces que de ella salían y por su propia sed. Y al retirar las ramas que le cerraban el paso, ¡qué visión! Nada menos que la hermosa Ártemis que había hecho un descanso en su jornada de caza, se bañaba allí, desnuda en compañía de sus doncellas».
«Enfurecida, la diosa le arrojó agua al rostro y entonces Acteón empezó a transformarse en ciervo. Una prominente cornamenta le brotó espontáneamente de la cabeza, sus patas eran ya pezuñas y se cubría todo él de un jaspeado pelaje. Sus perros, que ya no reconocían al amo, saltaron de inmediato sobre el desdichado Acteón y lo hicieron pedazos. Así se vengó Ártemis de quien osó verla desnuda».
Texto: Fragmento de «mitología clásica». Hdez. de la Fuente, David. Alianza editorial. 2015
Ilustración: «Diana y Acteón». Martínez de Mazo, Juan Bautista (copiada de Tiziano). Museo del Prado. Madrid.